jueves, 8 de julio de 2010

Sin muertos no llenamos páginas

La  sensibilidad los ataca  durante la primera semana de trabajo en caliente. Quizá se les escape una lágrima o queden  “en pause” al observar tanta sangre, tantos cuerpos tendidos en calles, en cuartos, en camillas, en carros, en alcantarillas, en cañadas, en autolavados. Pero, la semana siguiente, la impresión será destronada por la necesidad de “tener un muertico y poder llenar las páginas rojas”.  
El sol ya está inmiscuyéndose en los organismos. Ni una nube lo tapa.  Y ellos como siempre sedientos de muertes. Listos para la casería inclemente. Fieles guadañas, a la espera de un efecto domino, que empiece con un triple o doble asesinato, secuestros, acribillados, sicariatos, persecuciones policiales,  enfrentamientos, que termine con accidentes de tránsito (“y si es uno con más de seis muerticos, mejor”), para clavar su diente afilado. 
Sus carros están dispuestos para emprender la aventura en cualquier momento: llegar primero que la comisión del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), “al muerto en el sitio”. Las cámaras preparadas para ser detonadas y los blocks de notas condicionados para ser vestidos con cuentos que se repiten y se repiten a diario en cada parte del planeta.
No hay lugar preferido. Puede ser una casa, un “terreno enmontado”, las afueras de un centro comercial, “la vía pública”, o cualquier sitio donde la sangre y los cartuchos percutidos adornen la escena. Las paredes desgatadas de las morgues no se escapan. Al igual que en los otros escenarios, allí el desconsuelo y la impotencia aturden grabadoras, con palabras que retumbarán al día siguiente en cada columna de los diarios.
Los diálogos ya están preestablecidos. Nadie puede adulterarlos.  Incluso cuando algún familiar del “occiso” no quiere declarar. A continuación la artillería de palabras pronunciadas, tal cual dardos al centro de una diana.
Contexto: la morgue.  
(P) -“Buenos días, señora sé que este no es el momento indicado... pero es mi trabajo. Ante todo déjeme decirle que lo siento mucho. (Si el caso es muy importante amerita tocar el hombro del entrevistado).
(P) -¿Cómo fue que murió Pedro?
(F)- No queremos decir nada. ¡Por qué no respetan el dolor!
(P)- Señora es nuestro trabajo. Sólo queremos tomar sus declaraciones; recuerde que la PTJ (ahora Cicpc), nos da su versión de los hechos. Nosotros como medio de comunicación cumplimos con la labor de mostrar las dos caras. Claro si los familiares lo permiten…
       Algunos segundos en silencio, ofrece el periodista para que el familiar acceda. Seguido se escucha:
(P) -¿Cuántos hijos tenía Pedro?
(F) -Tres.
(P)-Pedro se dedicaba a..?
(F) -Era obrero.
(P) -¿Y cuántos años tenían los hijos del señor?
(F) -Cuatro, siete y nueve.
(P) -¿Y dónde vivía? Vivía con su esposa y sus hijos?
(F) -Sí, todos vivían en el Barrio Billy Cuin.
(P) -¿Señora y me puede decir el número de la casa?
(F) -48-K985
(P)-Señora y ¿Cuál era el color de la casa?
(P)-Pedro se dedicaba a..?
(F) -Era obrero.
 (P) -¿Por qué cree que lo asesinaron?
(F) -Él iba a comprar la cena y entonces unos tipos se acercaron y sin mediar.. Le dispararon más de ochos veces…
(P) -¿Señora y usted que parentesco tenía con el señor Pedro?
(F) -Soy su madre…
(F2) -Mami nos están tomando fotos. Te dije que no hablaras con ellos.
(F) -No queremos fotos no diremos nada.
Entre susurros el periodista, se acerca al fotógrafo y le dice: “Deja de fotografiarlos, quita el flash. ¡Coño se más discreto! El fotógrafo se aleja. Pero, dispara tantas veces el obturador que obtiene cualquier plano y ángulo de los familiares. Su trabajo ha terminado.
El periodista consiguió todos los datos. Manejó la situación a su antojo. Fue una tertulia más. Poco le importa que la cifra de asesinatos aumente y aumente. Le importa llegar a la redacción con casos buenos. Secuestros o parricidios. ¡Eso sí que vende! Del periodismo que se acuerden los verdaderos periodistas y mientras lo hacen que se teclee sangre en las redacciones. Que se siga sucumbiendo ante tanta porquería, ante tanto quince y último seguro.
 El ejercicio periodístico es equidistante de la teoría. Lamentablemente, el deber ser y el ser hace años se divorciaron.  
Maryevan León.

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