Pedro siempre tuvo la manía de dejar los aparatos y las luces prendidas. Yo le decía Pedro desconecta el ventilador. Pedro apaga la luz del baño. Pedro desconecta el radiecito. Y él se dejaba llevar por sus pasos cansados hasta llegar al mecedor. Ese mecedor beige, que destilaba un olor viejo era su tobogán. Allí había un desfile épico. Comparsas y tangos en las plazas. ¡Ay de aquélla Caracas con el gran Felipe! Me gustaba verlo y sentarme con él a oírlo cantar. Nos perdíamos. Él me cogía la mano y yo del otro lado, me mecía con él y sus sueños y sus olvidos. Qué terco era ese viejo. Tan terco que se escapó de la tierra, se meció tan fuerte que no lo pude hacer bajar. Aquél día no hubo nada diferente. Desperté con la misma cancioncita Pedro esto, Pedro esto otro. Y él con su arrastre seguro ya se desvanecía en su mundo. Yo no podía hacer otra cosa que acompañarlo. Eso acepté cuando decidimos vivir juntos. Tantos años al lado del canoso.Tantos años despertando con su sonrisa, incluso cada vez que olvidaba hacerlo lo enseñaba..Tantos años acompañando a su mirada. Y al viejo del mecedor se le ocurre desaparecer un noviembre, que entre luces y ferias, lluvias y sequias, gobiernos y desgobiernos, desamores y amores, para privarme de su inmaculada presencia. No sé como fue que paso ese día, decidí que no lo iba a recordar. Pudo desaparecer un martes o un jueves, viernes o domingo, para mi... significa lo mismo.. porque ya no está.
Y mi memoria sólo en las tardes lluviosas en el mecedor, se va lejos y entra al cuarto oscuro de los recuerdos. Ese día yo cocinaba, mientras escuchábamos nuestro tango favorito.. oía su tarareo descoordinado desde lejos...Y se alejó tanto que cuando reaccioné, había una tertulia en medio de la calle. De inmediato, salí.. algunas personas me impedían pasar... estaba el viejo ahí.. tirado en la calle, en medio de chismes y lamentos. No fue sencillo. Me llené de valor y me tendí con él a velarle la muerte.. si había disfrutado toda su vida... porque no compartir su muerte. Ese día, tirada en el asfalto, rodeada de sollozos no me deslicé con él. No quise ponerle color a ese momento. Tampoco sonido. Quise imaginármelo en el tobogán. Quizá ahí lo sigo viendo. Quizá sólo fue eso. Quizá le cogí la mano y estamos los dos en él.
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