Ahora, resulta que otra vez es jueves. Y que los fulanos siguen controlando mi tranquilidad.
Resulta, además que me prohibieron los reclamos, que los reclamos no se valen... "esto es un pueblo sin ley", gritan quienes buscan exorcizar los demonios de las madrugadas. Yo sencillamente sé que debemos negociar.
Y si ustedes distinguidos vecinos, pueden leerme, sepan que me importan un pito: usted y la pieza de dominó perdida en su jardín, ella y su voz desahuciada cantándole a un amor seguro o inseguro -quien sabe-, esos que no pudieron llegar a la tertulia, el carro con la alarma encendida, los teléfonos escandalosos y silenciosos..., las puertas molestas con la doña..mirando por la cortina, el aroma a nicotina -perspicaz déjenme decirles-.. se impregna de tal manera, que se lleva cualquier disparate que quiera hacer.
Distinguidos vecinos a mi no me molestan sus copas y sus menganas, sus juegos y sus jergas, me importa menos oír de política durante mi insomnio, a mi me molesta la proximidad. ¿Qué tal si ustedes y yo nos damos un tiempo..? O ustedes se encargan de los domingos y me devuelven la armonía de mis jueves. O ustedes se van con su vida al otro lado, y yo, aquí puedo seguir en lo mío.. lo que sea, que sea lo mío. Mi negocio es este: ustedes muden sus jueves para mis domingos. Y todos felices: los de aquel lado de la ventana y los de este. Ahora, de no aprobar mis precisas sugerencias, propongo la invención de un Manual para no morir en la agonía de estos terribles, terribles, jueves corrientes.
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