miércoles, 15 de agosto de 2012

Horario de oficina

Podría, en este instante,
cambiarme en un segundo de camino,
envolver el que ya tengo,
meterlo dentro de la misma maleta,
puedo estar haciéndolo desde el terminal de mis raíces,
salir de la oficina a las 4.00 de la tarde
y no regresar más.
Podría volver a las sonrisas,
a saber que habrá alguien tras la puerta,
y en la mesa más que un libro, 
no puedo encontrar soporte
Salir de la oficina a las 4.00 de la tarde 
desvanecer la misma maldita pregunta diaria, 
Encontrarme con la corteza,
las huellas.
Podría en este mismo instante, 
dejar de sentir frío
y tener abrazos, muchos abrazos,
decirme: anda muchacha, vuelvete a tus puertos,
con tu guía de soledades conocidas-calurosas,
pararme en la punta de la montaña
                                                      sin esperar horizontes
subir al autobús, llegar a casa, apagar la luz, no dormir,
despertarme temprano, salir de casa, subir al autobús,
ponerme lentes oscuros, hacer lo que el jefe diga,
salir del trabajo, escaparme como en este momento
que escribo, mientras hay una discusión de modernismos 
y épocas de libertinaje, subir al autobús, llegar a casa, 
y fíjense me he librado de la misma maldita pregunta diaria,
podría  tomar el mismo camino, inventarme otro,
no pedirte cercanía, cuando ya no quedan distancias,
montarme en el mismo autobús, regresar a donde pertenecen mis latidos,
 y estoy segura, 
completamente 
(aunque no quiera abrir los ojos)
segura, que cuando me vaya, nadie va a darse cuenta.

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