martes, 20 de septiembre de 2011

Muerte cualquiera

Te busco y -sí- en el pecho hay un témpano.
Un mordisco desangrándome las entrañas,
socavándome el ombligo.
Te posas sobre mi
como un dios sublevado
sobre mis aguas tranquilas
como un dios olvidado
sobre mis aguas disonantes
como un dios maldito
que descuartiza la esperanza.
Me desangro,
me desangro
entonces, te siento y me asomo a tu puerta
y hay un vacío,
un hueco tan grande
una mano nueva reiventandote.
Me he quedado en esa escena
ya sin poesía.
Me he quedado en esa escena
ya sin poesía.

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